Meditación andando -paseo taoísta by AtelTrainer
Meditación andando – paseo taoísta by AtelTrainer
LIBRO II “Zen Deportivo”, apartado: Meditación andando – paseo taoísta by AtelTrainer

Es muy sabido que pasear, caminar, andar es muy beneficioso para nuestra salud. Paseamos para ir al trabajo, para ir de compras, visitando ciudades y monumentos, y lugares preciosos; paseamos en la campiña, subiendo montañas; paseamos solos o en compañía de un amigo, un familiar, un hijo.
Los médicos recomiendan pasear a los pacientes con patologías diversas (sobrepeso, diabetes, colesterol, hipertensión,…). En los casos de estrés, ansiedad, depresión, los facultativos recomiendan en general practicar algún deporte aeróbico de intensidad superior.
Pues queda confirmado que caminar es saludable para nuestro bienestar físico. Pero dependiendo de nuestra actitud a la hora de pasear y caminar, nos podemos quedar solo a nivel del cuidado físico, o también podemos trabajar a nivel mental, anímico, emocional, espiritual.
Cuando paseamos movidos por la inquietud, lo que hacemos es pasar dicha inquietud para que su fuerza se disipe en el transcurrir de los minutos y kilómetros.
Con la intensidad del movimiento físico vamos dejando de prestar tanta atención a la inquietud para serenarnos poco a poco quemando la adrenalina generada por lo que nos preocupa. Está bien para resolver puntualmente momentos difíciles e intensos, pero solo podremos disolver dicha inquietud en profundidad y prevenirnos de las venideras si desarrollamos nuestra capacidad de dejar pasar los pensamientos negativos para que dejen de condicionar nuestra vida emocional.
El desarrollo de dicha capacidad se trabaja también con la meditación deportiva, la meditación sentada, pero también con la meditación andando.
Cuando estamos muy inquietos es difícil volver a encontrar la paz con la meditación sentada. Es como intentar frenar en seco un coche que va a 200 km/h por la autopista… derrapa, pierde el control, pero no se para en corto. En los momentos de mucha tensión emocional podemos recurrir a aplicar varias estrategias sucesivas para rebajar gradualmente la intensidad mental. Por ejemplo, correr o caminar intensamente unos minutos, y después ir bajando el ritmo hasta andar cada vez más pausadamente, hasta llegar a caminar lentamente centrándonos en el vaivén fluido de la respiración consciente. Quizás terminando con una meditación sentada de unos minutos para terminar de tranquilizar la mente una vez llegado a casa.
El que más, el que menos, camina en su cotidiano para ir a trabajar, para hacer las compras, para ir a buscar los hijos del cole…
Si aprendemos a caminar con conciencia, utilizaremos cada paso de nuestros trayectos diarios para entrenar a nuestra mente a estar cada vez más centrada, aumentaremos nuestra capacidad de concentración, disfrutaremos de nuestro entorno y del momento presente, desarrollaremos un recurso valiosísimo para relajarnos en momentos difíciles aprendiendo a estar aquí y ahora y no en las preocupaciones del ayer y del mañana.
Además, aprender a respirar mejor paseando ayuda a quemar más calorías y a aumentar nuestro nivel energético. Si aprendemos a caminar con una actitud de satisfacción, aumentaremos también nuestra alegría y positivismo.
Voy a resumir una técnica para pasear con conciencia:
I. Elegir el momento del día apropiado para cada uno para planificar un paseo meditativo. Personalmente recomiendo después de cenar ya que nos ayudará a hacer la digestión, nos ayudará a evaporar el estrés del día, y nos preparará para una buena noche de sueño. También es una buena excusa para dejar de ver los programas televisivos de dudoso interés.
II. Cambiar de itinerario todos los días. Aunque sea cambiar el sentido.
III. Decidir si pasear solo o acompañado. En el caso de ir acompañado, los dos deberán de respetar los silencios impuestos de acuerdo con el trabajo a realizar.
IV. Ropa y calzado cómodo. Ropa de abrigo en invierno ya que los paseos son lentos y el frío penetrante.
V. Evitar distracciones. Apagar los teléfonos móviles. Vaciar los bolsillos de objetos metálicos, llaves… para evitar ruidos al pasear.
VI. Antes de salir. En el portal de casa. Parar unos segundos, mirar el cielo, sentir el ambiente, respirar profundamente y decidir el propósito del paseo meditativo y del trayecto. Decidir si hoy es para fluir con el entorno, para relajarse de una preocupación, para meditar sobre un asunto laboral, familiar, o simplemente para disfrutar con alegría del paseo…
VII. Andar apoyando primero el talón y después la punta del pie. Sentir el apoyo del suelo. Andar acariciando el suelo, andar con amabilidad.
VIII. Recoger el sacro suevamente para alinear sin tensión la espalda.
IX. Relajar los hombros y el cuello.
X. Relajar los brazos.
XI. Relajar las manos. Mantener las manos abiertas sin tensión. Pasear con las manos al lado del cuerpo, o en los bolsillos o detrás de la espalda. La posición de las manos puede influir sobre las sensaciones y actividad mental.
XII. Buscar un ritmo cómodo y no rápido. La velocidad influirá también sobre la velocidad mental. Recomiendo ir frenando poco a poco el ritmo del paseo para invitar a la mente a hacer lo mismo. Iremos sincronizando poco a poco el ritmo mental con el ritmo físico.
XIII. Centrarse en una respiración fluida y sin bloqueos. Empezar acompasando la respiración con cada paso, por ejemplo, inspiro 1 ó 2 pasos, expiro 1 ó 2 ó 3 pasos. Después de un tiempo paseando con esta manera de respirar, dejar que la respiración fluya suavemente con el movimiento de pasear. Respiramos por la nariz si posible.
XIV. Tomar la actitud de contemplación sin juzgar lo que oímos, escuchamos, vemos, sentimos. Si nos damos cuenta que llegamos a juzgar, a pensar sobre algo de lo percibido y oído, volvemos a contemplar lo comentado o pensado sin hacer juicio hasta seguir con la contemplación externa del entorno.
XV. De vez en cuando, sentir el aire que acaricia la piel de la cara. Inspirar dicha brisa con una sensación de satisfacción. Dejar que el aire de la brisa nos atraviese con la sensación de limpiarnos por dentro.
XVI. Si paseamos con una o más personas, antes de iniciar el paseo meditativo, conversar unos minutos para explicar el trabajo. Planificar cada cierto tiempo cortas paradas para comentar lo observado con las palabras justas. Al final del paseo dedicar otro tiempo a la conversación abierta midiendo las palabras. Pocas palabras para decir mucho. A veces sirve solo una mirada y una sonrisa.
Cuando las personas están entrenadas, se pueden ir eliminando las paradas para conversar. Cuando se pasea en grupo es mucho más difícil mantener el silencio ya que queremos con facilidad compartir nuestras experiencias. Pasear en grupo nos puede distraer mucho más y pone a prueba nuestra paciencia para esperar que llegue el tiempo de las paradas para conversar y compartir.
Son grandes las ventajas de practicar los paseos conscientes. Lo recomiendo cada día, en especial por las tardes-noches.
Si practicamos regularmente dichos paseos conscientes, veremos con otros ojos nuestro pueblo, nuestra ciudad, nuestro barrio. Descubriremos y sentiremos los cambios que ejercen las estaciones sobre nuestro entorno. Seremos testigos de dichos cambios cíclicos. Veremos, sentiremos como la actividad y costumbres de las personas se van adaptando a las estaciones.
Estos ejercicios, que con la práctica se convierten en hábitos saludables, nos conectarán con el ritmo natural de la existencia que nuestro ritmo de vida moderno no nos deja disfrutar.
Como comento anteriormente, es también una excelente alternativa a los programas de televisión de dudoso interés.
Los medios de comunicación nos dicen como van las cosas externas, y nos venden lo que necesitamos para ser felices.
Los paseos conscientes, entre otros, nos ayudan a entender como nos van las cosas, como queremos que nos vayan, y lo que realmente necesitamos de verdad en cada momento. Nos ayudan a tomar las riendas de nuestras vidas con el objetivo de ser felices, más tranquilos, más satisfechos con nosotros mismos y con nuestro entorno.
El bonito presente está en cada paso tranquilo que damos… obteniendo una zancada amplia, enmarcando un presente sincero, largo y profundo…
Paseo taoísta filosófico
Dentro del paseo consciente podemos profundizar mucho más para sentir el movimiento enviando un mensaje filosófico a nuestra mente, a nuestro intelecto.
Es muy parecido a la meditación andando, que con un movimiento a cámara lenta, el practicante siente su cuerpo en cada paso, pisando el suelo con respeto y amor.
En el paseo taoísta filosófico que propongo, sentiremos que tanto el pasado, el presente y el futuro son uno; es la vida misma resumida en pocos pasos.
Procedimiento:
Tanto en exteriores como en interiores, buscar un espacio de superficie plano y agradable.
- Adoptar una posición de pie, pies paralelos ligeramente separados, espalda recta, pelvis suelta, rodillas desbloqueadas, cuello y brazos relajados.
- Respiración fluida, natural.
- Pies descalzos si posible para notar la temperatura y la calidad del suelo a través del tacto.
- Mirada al frente, al infinito, mirando de reojo si se desea como irán apoyando los pies al andar.
- Ojos relajados, abiertos o semi-abiertos.
- Iniciar el paso desplazando muy lentamente el peso del cuerpo sobre la pierna de apoyo izquierda.
- Muy lentamente, a cámara lenta, levantar la rodilla derecha y en el mismo movimiento lento realizar el paso hacia delante. Flexionar la pierna de apoyo a la vez que el pie de la pierna derecha en flex, baja muy lentamente para rozar y después apoyar toda la planta del pie empezando por el talón y terminado con la almohadilla de los dedos del pie. El tronco sigue el movimiento y sin parar, pero a una velocidad lentísima, se van alternando los pasos como lo hacemos al andar normalmente.
- Cuando todo el peso de todo nuestro cuerpo recae en la planta de un pie, sentimos el peso del presente.
- Cuando nuestro pie busca ir adelante, sentimos el ir hacia el futuro desde un presente sentido.
- Al ir hacia el futuro, en el ciclo del paso, nuestro pie que por un instante era el apoyo, el presente, se va despegando del suelo para reforzar el paso iniciado, dejando atrás el pasado. Pasado que nunca volverá.
En cada paso, sentimos el pasar del tiempo a través del sin parar del movimiento sosegado.
En cada paso, sentimos como el presente se estabiliza, para dar paso a un futuro estable, dejando atrás el pasado.
En cada paso sentimos el transcurrir de nuestra vida intentando no detenernos en el pasado, ni en el futuro, afianzando con nuestro peso y acción lenta y tranquila un presente estable en movimiento continuo. En la tierra apoyamos nuestros pies con respeto. Respetando la tierra nos respetamos a nosotros mismos.
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